Su Historia
Sara esperó 25 años por la promesa de un hijo. Veinticinco. No 25 días, no 25 meses. Años.
En el camino se desesperó. Le dio su sierva Agar a Abraham porque pensó que Dios necesitaba ayuda. Se rió cuando los ángeles dijeron que tendría un hijo a los 90 años.
Pero Dios no le quitó la promesa por reírse. No la descalificó por dudar. Isaac nació exactamente cuando Dios dijo — no cuando Sara entendió.
Qué Nos Enseña Hoy
La promesa de Dios no tiene fecha de expiración. Que tarde no significa que no viene.
Dudar no te descalifica. Sara se rió y aún así fue madre de naciones.
Los atajos que tomamos por impaciencia crean problemas, pero Dios sigue fiel a pesar de nosotros.
Mi Reflexión
¿Cuántas veces has intentado "ayudar" a Dios porque la espera se hizo larga? Sara nos enseña que Dios no necesita nuestra ayuda — necesita nuestra confianza. Y que incluso cuando fallamos en confiar, Él no falla en cumplir.